Adi Enberg, Josep Pla y Fuster Valiente

Nacida en 1901, Adi Enberg, segunda esposa de Joan Antoni Fuster Valiente, fue una escandinava políglota con un alto nivel cultural y un espíritu liberal vanguardista muy adelantada a la época convulsa que le tocó vivir, tanto en lo que se refiere a la España de la época, como a la propia Guerra Civil y a la Segunda Guerra Mundial.

Provenía de una familia de alto nivel económico formada por un padre noruego y una madre sueca. Era una mujer alta, rubia, de frente ancha, piel fina y con un enorme interés por la cultura y los viajes.

Conoció a Josep Pla en París en febrero del 1924. Teóricamente formalizaron su relación sentimental la Navidad de 1926, en Londres, aunque nunca ha aparecido ningún documento sobre este matrimonio de facto.

Durante la República vivieron juntos en Madrid. De hecho, en abril de 1931, la misma mañana de la proclamación de la República, Josep Pla fue enviado a Madrid por Cambó como corresponsal de “La Veu”. El dietario de esos meses está recogido en su obra “Madrid. El advenimiento de la República”. Junto a Adi Enberg, Josep Pla permaneció en la capital durante casi todo el periodo republicano (1931-1936), ejerciendo de cronista parlamentario, lo que le permitió relacionarse con las élites.

En opinión de varios historiadores estudiosos del tema: “Pla, que no era ni antirrepublicano ni antimonárquico, sino un pragmático que buscaba la modernización del Estado, manifestó en un primer momento cierta simpatía por la República: creía que el nuevo sistema político podía cuajar en España si se consolidaba siguiendo el modelo de la República Francesa, aunque poco a poco se fue desencantando con el curso que tomaban los acontecimientos hasta considerarlo una completa «locura frenética y destructora»”.

Sea como fuere, alegando razones de salud, Pla y Adi abandonaron un Madrid muy peligroso pocos meses antes de comenzar la Guerra Civil. Tampoco Barcelona les pareció una ciudad segura y huyeron en barco de la Cataluña republicana en dirección a Marsella, en septiembre de 1936.

Dicen las crónicas que meses después de estallar la guerra, ya exiliados, Adi y Pla trabajaron como “informadores” al servicio de Cambó en favor de la causa franquista. Cuesta imaginar que Pla y la progresista Adi se prestaran a realizar ese trabajo sin más, aunque hay papeles que vinculan a Adi con los servicios de información SIFNE, el Servicio de Información de la Frontera Noreste, un servicio de espionaje financiado por Francesc Cambó, tareas con las que algunas fuentes afirman que colaboró también Pla (por ejemplo, durante su estancia en Marsella).

En 1939, al acabar la contienda, Pla se retiró al minúsculo puerto de Fornells, en el litoral de Begur. Después de varios años de convivencia con Adi, que también vivía en Begur, la situación se había vuelto insostenible y se separaron. Dice Arcadi Espada que “Pla y Adi rompieron su convivencia -que no su contacto- poco después de terminarse la guerra civil. En el año 1951, Adi se volvió a casar: con el pintor mallorquín Fuster Valiente, que murió 13 años después”.

Cristina Badosa, biógrafa de Pla (“Biografía del solitario”), dice de Adi Enberg lo siguiente: “Hablaba catalán perfectamente con un deje ampurdanés divertidísimo. Era una persona de una gran finura psicológica, muy buena mujer, con un carácter fuertísimo, insoportable a veces, muy terca, con una ironía muy fina pero más caritativa que la de Pla: era irónica pero no era crítica con la gente, era muy tolerante, tremendamente tolerante. (…) Ella me confesó que nunca se casó con Pla, que habían hecho una especie de casamiento en un barco cuando regresan de Londres, de manera que el capitán pudiera estampar en el pasaporte que los había casado con la finalidad de satisfacer a la madre de Pla".

No hay constancia formal, pero parece que Juan Antonio Fuster Valiente y Adi se conocieron en 1949 en Mallorca, concretamente en el pueblo de Valldemossa, a escasos diez kilómetros de Deià, donde Fuster Valiente había vivido durante años con su primera esposa Josefa Cuerda.

Adi Enberg y Fuster Valiente se casaron por lo civil, tras haber tratado, infructuosamente hacerlo por la Iglesia, puesto que Adi había contraído un primer matrimonio, previo a su relación con Pla, por el rito protestante. Una carta del Abbé J. Deroux, curé Doyen, Villeneuve les Avignon, diócesis de Nimes, fechada en agosto de 1951 advierte a Adi sobre la imposibilidad de que la Iglesia conceda el permiso para un segundo matrimonio.

El carácter civil del matrimonio y las circunstancias culturales y sociales que se vivían en la recatada isla de Mallorca en los primeros años de la posguerra hicieron que decidieran fijar la residencia permanente en Cataluña. Primero se instalaron en Begur y, más adelante, en Sitges. Anualmente realizaban largos viajes culturales por Europa y en verano hicieron algunas estancias en Deià.

En 1954, abrieron en Sitges la Pensión Residencia Victoria, un modesto hotelito que llegó a figurar en la Guía Michelín de la época. Los trabajos diarios y la propia dirección del establecimiento, que ejercían juntos, ocupó durante años una gran parte del tiempo del artista, si bien nunca dejó del todo la pintura. Durante esos últimos años de creatividad artística realiza paisajes urbanos solitarios de Begur y Sitges, silenciosos y encalmados, en línea con lo que había venido haciendo en la ciudad de Palma, con predominio de la armonía de colores en relación casi matemática con líneas rectas.

A pesar de que el matrimonio de Adi con Fuster Valiente nunca fue del agrado absoluto de la familia más tradicional y conservadora de Fuster Valiente, cada año en diciembre acostumbraban a viajar juntos a Palma donde pasaban las fiestas de Navidad, en casa de su hijo Juan Antonio Fuster Cuerda.

Tras el fallecimiento de Fuster Valiente en 1964, Adi se instaló en Barcelona, concretamente en la Calle Santaló, junto a la Vía Augusta. Ya en la década de los años 70 mantenía muy viva la llama de la curiosidad intelectual, carteándose y reuniéndose con escritores de la llamada “gauche divine” de Barcelona, pues, no en vano, durante años había sido una referencia interesante, poco convencional, entre la intelectualidad catalana.

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