Fuster Valiente: El valor de lo plástico

Gaspar Sabater Serra, periodista, crítico de arte y escritor, en su libro “La pintura contemporánea en Mallorca. Del impresionismo a nuestros días. Tomo I” (Ediciones Cort) escribió en 1972 lo siguiente:

Con Juan Antonio Fuster Valiente (Palma 1892, Sitges 1964) el más vertebrado de los pintores mallorquines, lo plástico alcanza en su obra un valor por sí mismo. Toda la obra de este artista es una sujeción a estos valores que le dan una fuerza extraordinaria. Hablar de Juan Antonio Fuster Valiente es hablar de uno de los pintores más representativos. Su obra paisajística, centrada en su mayor parte en los paisajes de Deià y en los urbanos de su ciudad de Palma, y sus cuadros de composición, entre los que cabe destacar los que recogen diversos aspectos de barcas y astilleros, tienen una fuerza expresiva y una fuerza conceptual extraordinaria.

Fuster Valiente es el pintor que construye a base de líneas rectas, justas y precisas. Ante sus telas notamos la impresión de asistir a un entrecuzamiento de líneas trazadas de acuerdo con un sentido de la medida y de la proporción tan meticulosamente estudiado que el tema queda, por así decirlo, vertebrado. Un colorido de tonos suaves y uniformes en los que los verdes pálidos y los amarillos se conjugan, da a sus telas un equilibrio colorístico que llama poderosamente la atención.

La obra de Juan Antonio Fuster Valiente es, tal vez, una de las más justamente intencionadas de esta generación. Intencionadas por el tema e intencionadas por el valor plástico de las mismas. Podría decirse, sin pecar de exagerados, que el arte de Fuster Valiente existe y se palpa independientemente del valor descriptivo del cuadro que se contempla. La conjunción de línea y color, en perfecta compenetración, dan a la tela ese sentido de la plasticidad que en este artista es la meta de sus preocupaciones.

Pese a ello, en algunos de sus cuadros -en el titulado “La estación del ferrocarril”- asistimos a un momento de cálida emoción y de perfecta ambientación. El artista nos ha dado en esta tela el valor de lo plástico unido al valor de una descripción literaria digna de los impresionistas franceses, maestros en este difícil arte de dar vida a los seres inanimados.

En los últimos años de su vida abandonó Mallorca y se trasladó a Sitges (Barcelona) donde acabó sus días. Su última obra, realizada en otros escenarios distintos a los nuestros, siguió en la misma línea, animada por el sentido que informó siempre su obra. Una obra que quedará en la historia de la pintura mallorquina como una de las más estimables y una de las que con más personalidad se nos ofrece.

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